Dícese del que, habiendo preparado una cena romántica, se le ocurre comprar velas, diciendo a su pareja “cari, cierra los ojos, que te voy a dar una sorpresa”, dándose cuenta, una vez que la susodicha ha cerrado los ojos, que, en efecto, tiene velas, pero no cerillas ni mechero para encenderas.
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… así somos. En fin.