Recupero una entrada de mi blog anterior:
Ayer me acabé de leer el último libro de Jiménez Lozano, Advenimientos. Una colección de notas tomadas por él entre el 2001 y el 2004.
Ahí van algunos pasajes:
Emerson decía que todo el mundo tiene su instante de poesía, sólo que éste era un cuarto de hora antes de morir.
El crimen más horrible, si no tiene una puesta en escena suficientemente morbosa y barroca, queda ya perfectamente integrado a lo banal de nuestra vida.
Hemos traicionado todo, y como si la estupidez hubiera ampliado su parte en nuestro mismo modo de ser hombres, que ya no les importa conocerse a sí mismos, y comprobar que sólo son hombres, sino que se mueven en una constante hubrys o desmesura.
El asunto de la llamada libertad de expresión sin límites, es decir, la palabrería como lo supremo. En esta situación, la misma verdad debe presentarse como palabrería, y por su esencia misma nunca podrá alcanzar la relucencia ni consistencia de palabrería que tieen la mendacidad, también por su propia naturaleza.
El ateísmo serio precisa un salto y decisión kierkegaardianos como los de la fe, y no es pensamiento débil precisamente.
Si realmente ninguno de nosotros estaremos en disposición de dar explicaciones en ese momento del morir, que es lo más importante, no tiene ningún sentido darlas repecto a todo lo demás, que, entonces precisamente, se ve muy claro que no tiene importancia de ninguna clase
El laicismo y la secularidad no pueden nutrir con la cultura de ninguna clase que suponga cierta entidad. Ha prescindido ya de Grecia y Roma, y, sobre todo del racionalismo europeo del siglo XVII, y hasta del ateísmo serio y profundo que se toma en serio todo el trágico grosor del carácter trunco del destino humano, y no se apoya en imbéciles certezas mensurables.






Es curioso: Jiménez Lozano, a quien conozco personalmente, es uno de mis escritores favoritos. Sin embargo, pensaba que su última obra publicada era “El azul sobrante” en Ediciones Encuentro que presentó en Madrid, en la Complutense, hará un mes.
Estás en lo cierto, Zambullida. Este post corresponde a un post que hice en un blog anterior, hace dos o tres años.
Por cierto, “El azul sobrante” lo he empezado a leer y no he podido con el… Me encantan los ensayos, los artículos y la poesía de JJL, pero en la ficción no le acabo de coger el punto…
Yo, en cambio,estoy más familiarizada con su obra narrativa, ¡me entusiasma!Para gustos se hicieron los colores, ¿no? No obstante, es un hombre con una cabeza privilegiada y da gusto charlar con él. Por cierto, ¿cuál es tu blog actual?
¡Ay, perdona! Ya has explicado que esta entrada venía de un blog anterior. Estoy atontada.
Perdonada.
También yo le considero un hombre con una cabeza privilegiada. De hecho, me encantaría hablar alguna vez con él. A ver si me paso algun día por Alcazarén…
¿Hablaste con él allí?
Nunca he estado en su casa de Alcazarén. Charlamos en los cafés, hablamos por teléfono y nos comunicamos también a través del correo electrónico. En cuanto esté más sobrada de tiempo, lo llamaré. Tenemos una cita pendiente.
Jiménez Lozano también es uno de mis escritores favoritos. Gracias por traerlo a tu casa.