Una interesante reflexión la que publica Alejandro Martin Navarro en su blog. Sobre todo sus últimas frases:
En las clases de todos los niveles educativos se respira un aire viciado: la apatía, la desgana, el aturdimiento. No sabemos para qué vivir, así que no sabemos para qué educar. Consecuencia: no educamos.
Leyendo esto, se le cae a uno el alma a los pies.
Advertisement






No es muy optimista, la verdad, y sólo hay que ver a los niños de hoy en día… No obstante, queda siempre un resquicio para la esperanza.
Bueno, es fácil dejarse llevar por el desánimo, pero no podemos olvidar otras muchas realidades positivas y totalmente opuestas a las líneas que transcribes en la entrada.
Un cordial salu2
Luisa
Yo creo que hay de todo, aunque lo mayoritario es lo que diga Alejandro. Y desde luego que uno de los problemas más graves es el “para qué” vital, la falta de sentido de todo, la desesperanza que se respira. Pasado el hedonismo de hacer lo que me da la gana ya que todo es una mierda… lo que queda es el vacío a veces. La falta de exigencia propia, de responsabilidad y ese echar balones fuera, derechos y nunca deberes, acaba con la alegría y con todo. Pero realmente lo más sintomático o el origen quizá de casi todo está en la desesperanza… no ya en la falta de fe más allá de lo religioso, en la desesperanza… antropológica, personal, de uno mismo, y humana.
Pero se puede superar y hay ventanas, Jaime. Un abrazo